6.30.2009

MACROBIÓTICA: FILOSOFÍA DEL COMER

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La macrobiótica es una filosofía de la alimentación que se presenta como el camino ideal para obtener el equilibrio físico, emocional y espiritual. Nacida en Extremo Oriente, ofrece vías alternativas para controlar la salud y la enfermedad y lograr que los productos que se ingieren otorguen al organismo el mayor bienestar posible.


La macrobiótica nació en Japón hace más de un siglo como una terapia capaz de aliviar un buen número de dolencias a través de la nutrición. Hoy en día mantiene sus características curativas, pero son muchos los que sin padecer un mal concreto la adoptan como la manera habitual de alimentarse, buscando así el equilibrio que necesita el organismo.

Su raíz se encuentra en una idea bastante simple: muchos problemas de salud tienen su origen en la mala asimilación de los alimentos y para compensarla, el organismo desarrolla mecanismos y procesos que son los que conocemos como enfermedades. Por tanto, cualquier medicamento, sea cual sea su origen, poco puede hacer contra ellas si no se soluciona el problema de fondo, es decir, lo que comemos. Es importante saber que la macrobiótica considera males no sólo los que desequilibran físicamente al cuerpo, sino también aquellos que le perjudican emocional y espiritualmente.

La dieta macrobiótica es básicamente vegetariana y se asienta sobre la filosofía del yin y del yang, o del equilibrio de fuerzas contrarias y complementarias, las cuales deben convivir en armonía. Así, existen alimentos yang o yin que deben combinarse de tal forma que no falte ninguno de ellos, pero que tampoco los haya exceso. Una vez se conocen las características de cada producto, basta con introducirlos en la dieta diaria compensando su cantidad y la frecuencia con la que se consumen. Al principio, esto requiere cierta disciplina, pero después de un tiempo se asimila como un hábito de vida más.

En general, se huye de los alimentos poco naturales, es decir, aquellos que han sido envasados y procesados, como ocurre con los refinados. Si la carne y el pescado están presentes, sobre todo por razones terapéuticas, debe ser en cantidades mínimas. Los huevos han de consumirse con moderación, mejor formando parte de masas o salsas.

La base de la dieta son los cereales, las legumbres, los vegetales, los lácteos, las setas, las frutas y las algas. Por supuesto, todos ellos en sus versiones integrales y sin tratamientos con fertilizantes ni pesticidas.

Respecto a las características de los alimentos, se consideran yang aquellos que otorgan calor y energía, como las legumbres, los cereales y las verduras de raíz.

Por el contrario, son yin los lácteos, las frutas y las verduras que no son de raíz.

Las estaciones del año y los periodos de frío y calor, también requieren la ingesta de determinados alimentos: como el invierno es un periodo yin, la dieta deber ser rica en productos yang o energéticos, mientras que el verano, que es un periodo yang, debe contar con los alimentos de su contrario.

También tienen una presencia fundamental en la dieta las algas, así como alimentos propios de la cocina oriental, como la soja en sus distintas versiones y otros ricos en proteínas como el seitán. Respecto a las bebidas, además del agua, se recomienda tomar té verde.

Es muy importante preparar los productos de la forma más natural posible, sobre todo al vapor, masticar muy bien y no mezclar o comer a la vez los distintos platos que componen el menú. Éste debe variar a lo largo del día, con un desayuno a base de té, unas galletas de arroz y un poco de paté vegetal, por ejemplo, y una comida con legumbres, arroz integral, un pastel de manzana y queso de soja. Para la cena pueden ir bien unas setas con unas verduras y también arroz.

A la hora de preparar las recetas hay que ser imaginativo, procurando satisfacer el paladar a la vez que la salud, y echar mano de libros de recetas macrobióticas que puedan ayudar a conseguirlo. Es la mejor manera de evitar que macrobiótico se convierta en sinónimo de comer de forma aburrida e insatisfactoria.

Todos los productos que componen la dieta macrobiótica son muy saludables, se elaboran de forma sana y son ricos en vitaminas, fibra y sales minerales. El problema puede llegar por su falta de proteínas de calidad, presentes sobre todo en los productos de origen animal, aspecto que se debe compensar con unas combinaciones acertadas de cereales y legumbres. Esto requiere un buen conocimiento de las pautas nutricionales básicas y un asesoramiento adecuado.

La macrobiótica parece dar resultado para prevenir problemas cardiovasculares, ya que es muy baja en grasa, incluso para evitar la aparición de ciertos tipos de tumores por su riqueza en fibra, pero también es un arma de doble filo.

Sus posibles desventajas se traducen en deficiencias de hierro y vitamina B12, pérdida de masa muscular e incluso anemia. Por ello antes de lanzarse a seguir una alimentación de este tipo, es recomendable informarse adecuadamente por expertos en nutrición y dietética, para así lograr disfrutar de todas sus bondades, sin renunciar a ninguna sustancia elemental para el organismo.

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